Horas en la selva.
Parte II
Reverberea el calor; el sol abrasa
a través del azul. Arde la tierra;
ni ave ni nube por el cielo pasa;
ni insecto ni aura por los campos yerra.
Un olor penetrante a resinas
cubre la selva en invisibles ondas,
y suben de breñales y colinas
los revueltos efluvios de las frondas.
Y mientras en trémula maraña
las fieras se persiguen y se ayuntan,
se oye en el corazón de la montaña:
el eterno glo-glo de alguna fuente,
el chas chas de las hojas que se juntan
y el cantar de la tórtola doliente.
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