sábado, 22 de junio de 2019

Álvaro Mutis. Sus insumos.

Nevado del Tolima

 Cañón de río Combeima.

Textos olvidados.

 La Creciente. 

Al amanecer crece el río, retumban en el alba
 los enormes troncos que vienen del páramo.
Sobre el lomo de las pardas aguas bajan naranjas maduras, terneros
con la boca bestialmente abierta, techos pajizos, loros que chillan sacudidos bruscamente por los remolinos.
Me levanto y bajo hasta el puente. Recostado en la baranda de metal rojizo, miro pasar el desfile abigarrado. Espero un milagro que nunca viene.
Tras el agua de repente enriquecida con dones fecundisimos se va mi memoria.
Transito los lugares frecuentados por los adoradores del cedro balsámico, recorro perfumes, casas
abandonadas, hoteles visitados en la infancia, sucias estaciones de ferrocarril, salas de espera.
Todo llega a la tierra caliente empujado por las aguas del río que sigue creciendo: la alegría de los carboneros, el humo de los alambiques, la canción de las tierras altas, la niebla que exorna los caminos, el vaho que despiden los bueyes, la plena, rosada y prometedora ubre de las vacas.
Voces angustiadas comentan el paso de cadáveres, monturas, animales con la angustia pegada a los ojos.
Los murciélagos que habitan la Cueva del Duende huyen lanzando agudos gritos y van a colgarse a las ramas de los guamos o a prenderse de los troncos de los cámbulos.
Los espanta la presencia ineluctable y pasmosa del hediondo barro que inunda su morada. sin dejar de gritar, solicitan la noche en actitud hierática.
El rumor del agua se apodera del corazón y lo tumba contra el viento. Torna la niñez ...
¡Oh juventud pesada como un manto!
La espesa humareda de los años perdidos esconde un puñado de cenizas miserables.
La frescura del viento que anuncia la tarde, pasa velozmente por encima de nosotros y deja su huella opulenta en los árboles de la "cuchilla".
Llega la noche y el río sigue gimiendo al paso arrollador de su innúmera carga.
El olor a tierra maltratada  se apodera de todos los rincones de la casa  y las maderas crujen blandamente.
De cuando en cuando, un árbol gigantesco que viajara toda la noche, anuncia su paso al golpear sonoramente contra las piedras.
Hace calor y las sabanas se pegan al cuerpo. Con el sueño a cuestas, tomo de nuevo el camino hacia lo inesperado en compañía de la creciente que remueve para mí los más escondidos frutos de la tierra.
    


Río Combeima, departamento del Tolima Colombia, paisaje que influyó en la obra Mutis.

 

 

sábado, 8 de junio de 2019

Álvaro Mutis, sus ríos y montañas del Tolima


 Montañas de Colombia, departamento del Tolima; paisaje que ayudó a forjar uno de los mas grandes poetas y narradores de Colombia.




Del libro LOS TRABAJOS PERDIDOS

Nocturno

Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
sobre las altas ramas de los cámbulos,
Ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
La lluvia sobre el zinc de los tejados
canta su presencia y me aleja del sueño
hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,
en la noche fresquísima que chorrea 
por entre la bóveda de los cafetos
y escurre por el enfermo tronco de los balsos gigantes.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.
 




Los trabajos perdidos, es un conjunto de poemas líricos, la mayoria
escritos en México.

 

sábado, 23 de marzo de 2019

El Darien.

Algunas fotografias del municipio del Darien, lugar que Jorge Isaacs admiraba.

Aqui nació y prosperó la cultura Calima.




Municipio de Darien, la cultura paisa es uno de sus componentes.



sábado, 16 de marzo de 2019

Porfirio Barba Jacob




Departamento de Antioquia Colombia, aqui nacio Miguel Angel Osorio.
Municipio de Santa Rosa de Osos.



Casa natal de Miguel Angel Osorio en Santa Rosa de Osos.


Canción de la vida profunda.

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pásión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando forestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
_¡niñez en el crepúsculo!, ¡lagunas de zafir!_
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos  hacen sonreir.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña oscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto de pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.

Mas hay también ¡ oh Tierra! un día... un día...un día
en que levamos anclas para jamas volver...
Un día en que discurren vientos ineluctables.
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!




miércoles, 16 de enero de 2019

Un coche de pasajeros en la decada del 40


Abordaje en un paradero entre Bogotá y Girardot.


Máquina a vapor en el cañon del Dagua. Decada del 40.


El tren a vapor, medio de transporte protagonista en el libro de relatos  A Laverde se lo llevó la Amarilla y de la novela El Alambique mágico del escritor vallecaucano Jorge Ivan Fernández González.






martes, 15 de enero de 2019

Ricardo Nieto


Palmira 20 de Octubre de 1878, Santiago de Cali 22 agosto de 1952.

La oración de los caballos viejos.

Por los callejones y las alquerías
que el sol ilumina de vivos reflejos
recordando siempre sus mejores días,
pasan renqueando los caballos viejos,
llenos de amarguras y melancolías...

Por entre las cercas de palo o de alambre
meten las cabezas, medio adormecidos;
los sigue de moscas zumbando un enjambre
y ellos -pobrecitos- transidos de hambre,
se quedan mirando los prados floridos...

Los prados floridos en donde nacieron
libres como el viento y como él veloces;
esos mismos prados en donde corrieron
lanzando felices relinchos y coces.
¡ ya sus ilusiones todas se murieron! ....

Uno rememora cuando altivo y fiero
llevaba en sus lomos la alfombra escarlata
de algún valeroso e hidalgo guerrero
de casco dorado y espuelas de plata.

El otro recuerda que sobre sus ancas
llevó dulcemente, con gran donosura,
mujeres divinas, esbeltas y blancas,
de formas talladas como una escultura.

El otro medita: yo fuí de las carreras
el rey de los vientos, de sedosas crines,
y vi desplegarse las rojas banderas
y oí los saludos de los roncos clarines...¡

Los viejos caballos meditan ahora
al pie de las cercas cerrados los ojos.
Una flauta rústica a lo lejos llora:
"¡la vida está llena de espinas y abrojos!"

Hermano caballo: mejor es tu suerte
que la de los hombres a quienes la vida
clavó con su zarpa despiadada y fuerte
y van por el mundo cubriendo su herida
en pos de la dicha que obsequia la muerte...

Hermano caballo: igual es tu sino
al de los mortales;
a ti, cuando inútil, te arroja el destino
a morir de hambre en un negro camino,
y a aquellos arroja a los hospitales!

Serviste. Y ahora ¿qué pides? ¿qué quieres?
Así son los hombres no sólo contigo
que tan noble y dulce, que tan bueno eres;
en esta tragedia de todos los seres
es sólo el sepulcro el único amigo.

Hermano caballo: como tú los parias
de la vida pasan horas de quebranto;
para sus oidos no fueron las arias
de los vencedores... Almas solitarias,
¡flores que se abrieron regadas por el llanto!

Empleados oscuros de las oficinas,
músico ambulante, pobres artesanos,
artistas ... poetas ... que parecen ruinas,
del caballo viejo somos los hermanos...
¡como a él no nos quedan sino las espinas!...

Cuando las arrugas surcan ya la frente,
y el alma tenemos llena de consejos,
la vida que todo lo ve brutalmente,
nos manda a morirnos dolorosamente,
como mueren siempre los caballos viejos...!


miércoles, 5 de diciembre de 2018

Harold Alvarado Tenorio

De los gozos del cuerpo.




El poeta, crítico y traductor nace en Guadalajara de Buga en 1945 y en la actualidad
 vive en Santiago de Cali.