miércoles, 5 de octubre de 2016

William Ospina y la selva Cont.


En las mesetas del Vaupés. III

Con granadillo hice el bastón para espantar a los
malos espíritus.
Con la madera del caobo hice las cuentas de un
collar para tu pecho oscuro.
Con fruto seco del tekiba hice la copa en la que le
ofreciste el agua.
Con la madera del laurel hice esta flecha.










martes, 4 de octubre de 2016

Wiiliam Ospina y la selva. Cont.

En las mesetas del Vaupés II

Follaje de las ondas que va quedando atrás con el
golpe del remo.
Follaje de sonidos que en torno de los postes
enardece al guerrero.
Follaje de invisibles caminos que comienza en el 
confín del puente.
Follaje de humaredas que asciende en desorden
entre las titilantes orquídeas.

sábado, 1 de octubre de 2016

William Ospina y la selva.

Del libro " El país del viento.


En las mesetas del Vaupés (I) parte.

Qué son las canoas sino los árboles cansados de estar
quietos
Qué son los postes de colores sino los árboles
 hundiendo sus raíces en el cielo
Qué son los puentes colgantes sino los árboles
jugando con el vértigo
Qué son las alegres fogatas sino los árboles contando
 su último secreto.



martes, 13 de septiembre de 2016

Eduardo Galeano y la Paz.


Sobre la guerra y la paz.

En el Rey Lear, Shakespiare había escrito que en este mundo
los locos conducen a los ciegos y cuatro siglos después
los amos del mundo son locos enamorados de la muerte
que han convertido al mundo en un lugar
donde cada minuto mueren de hambre o de enfermedad curable
10 niños y cada minuto se gastan 3 millones de dolares en la industria militar.
 

lunes, 12 de septiembre de 2016

Bertrand Russell y la Paz.

Tomado del libro:  La conquista de la felicidad.


Es una necesidad vital de nuestra civilización descubrir un sistema
que evite las guerras; pero no hay posibilidad
de que tal sistema sea, mientras los hombres sean tan desgraciados que el exterminio mutuo
les parezca menos horrendo que soportar constantemente la luz del día.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Julio Florez y la selva IV

Horas en la selva. 

Parte IV

Un largo hacinamiento de cenizas
cubre el cielo oriental; es como una
capa de plomo: ráfagas rojizas
bórranse en el azul. Viene la luna.

El blancor sonrosado de sus huellas
préndese a los picachos de las cumbres
y hay una vasta floración de estrellas
naufragando en los oros de sus lumbres.

Muy arriba, en el monte, ladra un perro;
retumba el mar abajo, muy abajo,
mientras la luna en célico derroche

alza su corvo alfanje sobre un cerro
y cortar al asomar, de un solo tajo,
la cetrina melena de la noche.




martes, 30 de agosto de 2016

Julio Florez y la selva. III

Horas en la selva.

Parte III

Es la tarde: vestida está de gala;
en su manto de púrpura se embosa,
y por el éter prístino resbala
como una reina en su triunfal carroza.

Maga de los colores, a su paso
tornasola y argenta la llanura;
abre pozos de sangre en el ocaso
y alza incendios de oro en la espesura.

Y en tanto que del lívido horizonte
llega el eco letal de una campana
que enuncia la oración, hay en el monte

un estremecimiento, es que desgrana
sus notas un cantar: es el sinsonte
que está diciendo al sol ¡hasta mañana!