miércoles, 31 de agosto de 2016

Julio Florez y la selva IV

Horas en la selva. 

Parte IV

Un largo hacinamiento de cenizas
cubre el cielo oriental; es como una
capa de plomo: ráfagas rojizas
bórranse en el azul. Viene la luna.

El blancor sonrosado de sus huellas
préndese a los picachos de las cumbres
y hay una vasta floración de estrellas
naufragando en los oros de sus lumbres.

Muy arriba, en el monte, ladra un perro;
retumba el mar abajo, muy abajo,
mientras la luna en célico derroche

alza su corvo alfanje sobre un cerro
y cortar al asomar, de un solo tajo,
la cetrina melena de la noche.