viernes, 19 de agosto de 2016

Julio Florez

A bordo del "Barranquilla"

El oro de la tarde se diluye
en la plata del río; cruza un ave
el ámbar vesperal, da un grito y huye ...
¡De qué? ¡De quién? ¡A dónde va?¡Quién sabe!

Cruje el barco. Refulge la candela
del sol sobre el verdor del monte bravo;
y el ave vuela, y vuela y vuela
hasta perderse de mi vista al cabo.

Y pensar que aquella ave en fuga loca,
tal vez dejando en apartada roca
su nido, huyó tras mentirosa huella.

Pienso en mi que doliente y aturdido,
me voy huyendo como el ave aquella,
dejando sólo en mi montaña el nido.